AQUÍ ESTAMOS LAS HIJAS DE LAS BRUJAS QUE NO PUDIERON QUEMAR

Ella era la bruja de la vereda, por mujer y por negra.  Muchas veces escuché el rumor de que mi madre era bruja, porque a fulanita le leyeron la taza del café o la totuma y en ella se reflejaba el rostro de mi madre, ella una mujer campesina, que escasamente sabe escribir su nombre y hacer operaciones matemáticas en su mente, que aprendió cuando la obligaron a salir de la escuela para ir a vender bollos en la calle.

Era la bruja que acechaba a otras mujeres para hacerles hechicerías no sé con qué intención, vayan a saber ellas...

Yo recuerdo a una mujer que dejaba su ser entre el trabajo productivo de labrar la tierra y el trabajo reproductivo de cuidar a sus 4 hijos y a mí, su hija, que al parecer requería más cuidados por ser la única niña en la casa.

Ahora lo entiendo, era necesario encontrar una culpable del mal, de la desgracia ajena y quién mejor que la mujer negra, empobrecida entre las y los empobrecidos, explotada entre los explotados y que además carga aun con la escoba, porque las negras de Marialabaja son brujas, porque las negras de nuestras comunidades son brujas.

Hoy recojo ese legado ancestral místico de mi negritud y lo transformó en este fuego que me  mantiene y me ha traído hasta aquí.

OBJETO DE DESEO Y NO DE AMOR, MUY DESEABLE Y POCO AMADA

 


Me iré a casa sin un contacto cercano, sin un contacto erótico, sin coincidir con una mirada de admiración real, sin un amor de música ligera.

 Me iré a casa sin el contacto erótico-afectivo de otra piel, de otro cuerpo.

Mi carne solo es objeto de deseo erótico pero no afectivo por el estereotipo de erotización y exotización que llevo sobre mi piel tostada, sobre mi negritud, sobre mi pronunciado culo y sobre el movimiento de mis caderas andantes.

Por lo tanto,  soy la negra con la que les gustaría coger, pero no con la que quieren un vínculo real en el que se proyecte una relación afectiva, soy la negra, “negra pero bonita” dicen desde el racismo "positivo", soy la negra en la que se proyecta el deseo sexual de este racismo “positivo” que reconoce en este cuerpo unas características deseables de la negritud, no solo para el hombre blanco heterosexual, sino también, para las mujeres que me miran deseando tener el grosor de mis labios, el molde y tamaño de mi culo, la curva de mis caderas y otras muchas la forma de mi cabello, porque es la demandada de la capitalización  de la estética afrolatina, e incluso el tono de mi piel porque se nota bronceada y no “tan negra”.  Características que muchas personas racializadas capitalizan desde el racismo “positivo” utilizándolas como una ventaja.

Me niego a ser la carne con la que se sacia el deseo sexual racista, la carne con la que se satisface el fetiche de culiarse a una negra para experimentar que tan calientes somos, para comprobar todos los mitos que por ahí se dicen sobre nuestra sexualidad.

Por ahora, esta es mi experiencia sexual en Santiago de Chile y mientras así sea me iré a casa sin un contacto real y esto no es un lamento, es el instrumento para mostrar otra mirada de la intersección entre el racismo y el género, este es mi lugar de enunciación, mi propia experiencia como mujer negra y migrante aquí.

Escribo para no morir atragantada y presa de esta ira.

NO SOY VÍCTIMA, SOY MILITANTE

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