A propósito de Barbie
Kelly
Patricia Ortega Herrera -kelly.ortega@uchile.cl Magíster en Estudios de Género y cultura Universidad de Chile 2 de Agosto 2023
Recuerdo a Barbie siempre con una sonrisa entre dientes que no mostraba, igual Ken, aunque nunca tuve uno, no llego a mis manos, quizás el azar no me favoreció. Con estos referentes de una estética perfecta, inalcanzable para niñas como yo, con piel negra, cabello afro esponjoso y rasgos ordinarios ante aquel esterotipo de la delicadez, me permito realizar el siguiente análisis desde tres aspectos que encuentro problematizadores en las representaciones de los juguetes más vendidos en el mundo, Barbie y Ken. Primero, el discurso de violencia estética detrás de la imagen rosa y esbelta de Barbie, aun cuando se han intentado integrar Barbies negras estas siguen el mismo estereotipo estético. Segundo, los estereotipos de género y raza de ambos personajes, y tercero, la reivindicación que pretende hacer la película reciente sobre esta muñeca, en suma, es un análisis sobre las representaciones y referentes en el industria de la juguetería.
Con el despertar de la conciencia política, antirracista y antipatriarcal suelo no pasar por alto algunos detalles de violencia que se camuflan en la cotidianidad, la falta de representación negra en la industria de la juguetería y el sesgo de género en esta, es algo que me inquieta. Como etnoeducadora, entre poderosos relatos y referentes de la literatura colombiana me encontré con la maestra Mary Grueso, escritora y Poeta afrodescendiente. Mary, aparte de inspirarme como escritora y educadora, con su poema Muñeca Negra, uno de sus poemas insignia, me llevo a profundizar en el dilema que aquí trato de exponer.
Muñeca Negra
Le pedí a Dios una muñeca, pero
no me la mandó;
se la pedí tanto, tanto, pero de
mí no se acordó.
Se la pedí a mi mamá, y me dijo:
“pedísela duro a Dios”,
y me jinqué de rodillas, pero a
mí no me escuchó.
Se la pedía de mañanita, antes de
rayar el sol
para que así tempranito me oyera
primero a yo.
Quería una muñeca que fuera como
yo:
con ojos de chocolate y la piel
como un carbón.
Y cuando le dije a mi taita lo
que estaba pidiendo yo
me dijo que muñeca negra del
cielo no manda Dios;
“buscáte un pedazo’e trapo y hacé
tu muñeca vo”.
Yo muy tristecita me fui a llorá
a un rincón
porque quería una muñeca que
fuera de mi color.
Mi mamá muy angustiada, de mí se
apiadó
y me hizo una muñeca oscurita
como yo.
Mary Grueso.
Le pedí a Dios una muñeca, pero no me la mandó;
se la pedí tanto, tanto, pero de mí no se acordó.
Se la pedí a mi mamá, y me dijo: “pedísela duro a Dios”,
y me jinqué de rodillas, pero a mí no me escuchó.
Se la pedía de mañanita, antes de rayar el sol
para que así tempranito me oyera primero a yo.
Quería una muñeca que fuera como yo:
con ojos de chocolate y la piel como un carbón.
Y cuando le dije a mi taita lo que estaba pidiendo yo
me dijo que muñeca negra del cielo no manda Dios;
“buscáte un pedazo’e trapo y hacé tu muñeca vo”.
Yo muy tristecita me fui a llorá a un rincón
porque quería una muñeca que fuera de mi color.
Mi mamá muy angustiada, de mí se apiadó
y me hizo una muñeca oscurita como yo.
Mary Grueso.
Tal parece que a ese dios no le interesaba mandar muñecas parecidas a nosotras, las niñas y mujeres negras, pero también las indígenas, campesinas y las de distintas corporalidades, hoy las muñecas de trapo son un símbolo de resistencia para Mary Grueso y para quienes entendemos que la lucha antirracista también incluye estos detalles que complementan el currículo implícito de la sociedad y la cultura que forja nuestra identidad, pero también refuerza el rechazo ante las distintas formas de existir desde la infancia, nadie nace siendo racista, sexista o clasista, esto se aprende, esto se enseña desde lo explícito y lo implícito. Por ello insisto en que los referentes en la industria de la juguetería son importantes, son un currículo, son un discurso y no solo un juego o un asunto de la inocencia infantil.
Ahora bien, después de ver la película de Barbie, concuerdo con los análisis que circulan redes sociales, los cuales valoran la calidad artística, el elenco y los detalles de forma, es una obra de arte perfecta para mercantilizar cualquier discurso, de fondo coincido en resaltar las líneas críticas sobre los estereotipos de género que se integran al guion. Sin embargo, me confundo entre la parodia y la caricaturización, no solo del discurso antipatriarcal, (como si desprogramar la conciencia fuera un acto de magia, cosa que nos ha tomado décadas, luchas y reflexiones) sino también, sobre asuntos sumamente profundos y complejos como la depresión y la ansiedad. Por otro lado, difiero con quienes la catalogan como la película feminista del año, para llamarla feminista tendríamos que preguntarnos a que feminismo nos referimos ¿a un feminismo blanco? ¿a un feminismo neoliberal? Si de estas corrientes se trata, entonces sí, pero sí de la lucha feminista de clase, la lucha feminista antirracista se trata, es mínima la representación que podríamos rescatar. Aunque tampoco es nuestra esperanza que la industria del espectáculo sea la que reivindique nuestras banderas de lucha, esas que llevamos décadas agitando en la movilización, en las universidades, en las calles, en el barrio y en las veredas, esa lucha que nos ha costado exilio, sangre, ojos y vidas, esa que seguimos organizando y resistiendo desde las bases populares, periféricas, comunidades campesinas, afros y disidencias sexo-genéricas.
La película intenta de una manera muy creativa lavar el rostro de Barbie y su representación tradicional, situándola en este momento histórico, haciendo uso del actual debate sobre el género, y sí que lo logra, las vitrinas de las galerías comerciales, las salas de cine, espacios publicitarios, se han vestido de rosa, las redes sociales se han inundado de fotos, historias, tictok y muchísimos post sobre el tema en cuestión. Detractores, aliados, mujeres de carne y hueso aferradas al mantra de Barbie “puedes ser lo que quieras ser”, adultos, adultas y adolecentes están modo Barbie. Que se prepare el niño dios y Papá Noel, porque la muñeca blanca ha vuelto. Ahora podrás tener tu “Barbie feminista” pero ¿será que se puede ser lo que queramos ser? ¿todos, todas y todes tenemos la misma oportunidad de serlo? hay quienes nisiquiera alcanzan los derechos básicos.
Me alejo de caer en la seducción comercial y miro en retrospectiva mi niñez, pensando en aquellas infancias, adolescencias y mujeres de la periferia que ni siquiera (y afortunadamente) verán la película y donde quizás tampoco llegue Papá Noel, olvidadas por ese discurso feminista light institucionalizado, onegeizado (la ingerencia de ONG en las organizaciones feministas) que despolitiza e instrumentaliza la lucha y se pone al servicio de las lógicas del sistema, minimizando la lucha de clase y antirracista, como si el fin último fueran las reformas, las políticas públicas, el posicionamiento del debate en la esfera pública o el falso “empoderamiento”. Estos no son más que pequeños avances, que a veces se tornan como dispositivos de distracción frente al objetivo y fin último de la lucha: desmontar el patriarcado y sus mandatos tradicionales en todas las esferas de la sociedad, cosa que no será posible mientras exista la opresión racial y de clase de la que se nutre el neoliberalismo y el neocolonialismo.
No espero nada de la industria del cine, Hollywood, Disney y demás, como tampoco de la industria de la juguetería (Mattel, Fisher Price, Lego, Bandai Namco, Nerf, Funko Pop y Pepe Ganga, entre otros) vale la pena mencionar que este sector es fuertemente controlado por marcas estadounidenses, marcas que no se limitan a la venta de juguetes, sino que se extienden a los videojuegos, el cine y la televisión, su función dentro de la cadena de la industria es la de distraer, por ello lo miro bajo el ojo de la sospecha, comprendiendo que no es un asunto aislado del ámbito político y que merece un análisis riguroso, es por esto que, considero valiosas y necesarias las reflexiones que podamos realizar alrededor de estos temas. Cuestionar, debatir y filtrar lo que consumimos y promovemos a nuestras infancias, es una tarea y compromiso político, una cuestión que merece toda nuestra atención.