Mucho se habla de la maternidad y su romantización. Se
dice que es la mejor experiencia que puedes vivir, que es el amor más grande
que se puede experimentar, y expresiones más fundamentalistas, desde la región
hasta la biologización del rol de las mujeres, que apuntan a sustentar la
maternidad como el fin último de los seres humanos que nacemos con matriz y
ovarios.
En algún momento de nuestras vidas llegan las preguntas:
¿y tú no piensas tener hijos? ¿Para cuándo los hijos?. Otras expresiones dicen:
“pilas con el reloj biológico”, “entre más vieja, más riesgoso el embarazo”,
entonces cuando tu respuesta ante tales comentarios es NO QUIERO TENER HIJOS, el asombro y los intentos por convencerte o
la petición para que sustentes tu decisión no se hacen esperar.
“¿Quién te va a cuidar cuando estés vieja?”, una pregunta
retórica que resulta un intento para convencer, haciendo un llamado a la imaginación de la decadencia humana en la
vejez. De inmediato pienso en lo triste que es hacer responsable con la carga
del cuidado a otro ser humano que ni siquiera pidió nacer. Por lo general esta
carga es atribuida a las mujeres por ser mujeres, ya que tradicionalmente se
nos ha encargado las tareas del cuidado de la niñez y la tercera edad, cuando
esta debería ser asumida de manera colectiva y el estado garantizar las
condiciones para una vejez digna. Además tener hijos no garantiza que se cumpla
el ciclo de tal manera. Por otro lado, esta no debería ser la razón por la que
alguien decida traer hijos al mundo.
También debo mencionar, que la mayor preocupación de los
proyectos de educación sexual en la escuela, sigue siendo los embarazos en
adolescentes y el control de la natalidad. Recuerdo que las clases de educación
sexual que recibí en la escuela; desde la cátedra de ciencias naturales y por
campañas interinstitucionales con promotores de salud; eran charlas meramente
preventivas, tanto de embarazos como de ITS, recuerdo que enseñaban el uso de
métodos anticonceptivos, por ejemplo: usando un pepino para enseñarle a los
niños a usar el condón, luego repartían
pocos de esos condones que mis compañeros usaban como globos para jugar durante
el recreo o pasearse por los pasillos del colegio.
Si bien, es perceptible que la educación sexual ha venido
evolucionando a pasos muy lentos, ampliando un poco el espectro e integrando un
enfoque de derechos, con los derechos sexuales y reproductivos. Pero, la
preocupación central sigue siendo la misma: ITS y EMBARAZOS EN ADOLECENTES, tal
parece que las estrategias pedagógicas implementadas hasta ahora no han dado
resultados, porque la taza de embarazo en adolescentes no disminuye, sino que
aumenta.
Con escasa información logre entender lo básico pero no
lo suficiente para llevar una vida sexual de manera responsable y
satisfactoria. Sin embargo, mi relación con el tema de la maternidad siempre estuvo
medida por el deseo de estudiar, viajar y dedicarme a la vida política, ya que
a temprana edad estuve cerca de procesos organizativos y de liderazgo. Paso el
tiempo y mi relación con tal tema se iba palideciendo, hasta que hice
conciencia de que no me veo siendo madre, ya no. Y son varias las razones que
me llevan a esquivar el rol de la maternidad, algunas muy íntimas emocionales y
otras muy políticas, aunque en suma todas políticas, porque “lo personal es
político”.
Comprendo la maternidad como un acto de valentía y
altruismo, al estar dispuesta a darlo todo por el bienestar de otro ser,
fuertes las mujeres que lo asumen, tampoco porque me considero débil, pero
quizás si un poco egoísta. Puesto que, a veces la existencia me pesa. Imagino
entonces como sería tener que cuidar y proteger a otro ser humano y me resulta
abrumador. Así mismo me asumo responsable y sé que al asumir la maternidad
abandonaría pequeñas cosas propiamente mías para que otro ser humano sea feliz.
De lo anterior se desprenden las razones más políticas:
al liberarme del rol de la maternidad, me libero en parte del rol del cuidado y
sumo tiempo para los asuntos políticos y de participación en la esfera pública
que tanto me interesan, como dedicarme a la reflexión, la educación y la
política del joder, para incomodar y desestabilizar lo establecido.
Tampoco me gustaría tener que delegar a otras mujeres la
carga del cuidado, mientras yo avanzo, ya sea a nivel académico o laboral.
Romantizar la maternidad con los argumentos anteriormente
expuestos es una trampa patriarcal, que conduce a ser madres o padres para
responder a los mandatos de la heterónoma.
Esto puede entenderse como una apología o un llamado
insubordinarse ante el rol de la maternidad y efectivamente lo es, en especial
un llamado a las adolescentes, a apropiarse de sus derechos sexuales y
reproductivos y a reflexionar la decisión
sobre la maternidad, esta no debería
entenderse como una bendición o una fortuna, cuando no se tienen garantizadas
las condiciones básicas para la vida digna. Pero tampoco, cuando aún no se han
explorado en lo más mínimo, los derechos y las libertades individuales, que
tanto nos ha costado a las mujeres alcanzar.
La sexualidad en su totalidad y el placer sexual en particular, no se deben restringir a la genitalidad y la
procreación, la educación sexual debe apuntar más allá de la mera prevención,
quizás en los otros aspectos no abordados está la clave para romper el cerco.