ARCHIVO 1 ALINA

 

Santiago de Chile

23/08/2023

 

 

Querida amiga

Mientras camino del gym a casa o viceversa, son muchas las cosas en las que pienso. Pero, particularmente hoy me cruzó por la mente lo que te voy a contar.

Quiero que conozcas mi ruta al gimnasio, el horario en el que voy y donde está ubicado. Porque esta es una rutina y en ella hay peligro. Cuando hacemos de una actividad una rutina, estamos dando información; una especie de archivo de nuestro itinerario, de nuestras acciones diarias, a través de ello, sería fácil rastrearnos, seguirnos. Lo que nos hace vulnerables ante cualquier ataque que atente contra nuestra seguridad.

Esto puede sonar paranoico, también lo pienso. Pensarlo me da rabia y miedo, porque estas no deberían ser ideas que me persigan cuando voy por ahí, en la calle, al gym o a la universidad. No debería pensar que la violencia esta tan cerca de mí que me puede alcanzar, que ese día o esa noche puedo no volver a casa, no volver a escribirte un mensaje, o que puedo pasar a ser parte de un número más que engruese la lista de feminicidios.

Amiga, no deberíamos ir por ahí pensando en esto, lo sé. Es lo que más deseo, que nadie sienta esto al andar. Que nadie sienta miedo por su color de piel, su género o su nacionalidad. Que nadie camine mirando cada tantos minutos hacia atrás porque siente que alguien le persigue. Que la sensación de desolación y angustia no nos invada al sentirnos vulnerables en la distancia de nuestra red de apoyo o en nuestras propias ciudades. A donde quiera que vayamos deberíamos sentirnos seguras, partes de una comunidad sin estas barreras o fronteras “invisibles” en las que se diluye el racismo, la misoginia, la homofobia, la xenofobia y la aporofobia.

Me gustaría gastarme estos pensamientos imaginando historias y poemas, dibujando discursos en mi mente, mientras disfruto caminar. Pero tú y yo, nosotras, sabemos que la violencia está en la calle y en la casa, en todos lados, nos persigue, nos acosa, podemos verla, escucharla, mirarla y sentirla. Cada día se reportan nombres y rostros de mujeres y niñas desaparecidas en cifras alarmantes, feminicidios, ataques racistas y violencia policial están a la orden del día.

Te escribo esta carta como archivo de esta reflexión, pero también como evidencia, por si un día no vuelvo, por si no te vuelvo a escribir saludándote, reportando mi existencia y pidiendo reporte de la tuya.

Si eso llegara a pasar, quémalo todo, grita hasta que venga mi madre en mi búsqueda, encuéntrame, repatria mi cuerpo para que Los Laureles me vuelvan a ver, haz que suene un Bullerengue y una Gaita a mi regreso. Viva o muerta, encuéntrame. Sabrás  que, como deseo póstumo más profundo, aparte de  justicia para el pueblo, anhelo la expansión de mi obra, toma mis archivos y lánzalos tan duro que lleguen lejos, que recorran Latinoamérica, que retornen al Caribe Colombiano y se siembren debajo un palo e’ mango en Los Laureles.

 

No te asustes al leer esta carta, solo es eso, una carta.

Te amo amiga.

 PETRICOR


LA INDUSTRIA DE LA JUGUETERÍA Y SUS REPRESENTACIONES

 


A propósito de Barbie

 

                                                                                                              Kelly Patricia Ortega Herrera -kelly.ortega@uchile.cl                                                                                                                                     Magíster en Estudios de Género y cultura                                                                                                                                   Universidad de Chile 2 de Agosto 2023
                                                                                                                                                                  

“Bendito diciembre, lleno de guayabos, lleno de recuerdos, cuántas caras tienes, si eres solidario con cada momento,  manda un Papá Noel conocedor que les reparta mejor, a los niños su aguinaldo. Este que hay aquí es adulador, siempre va al barrio mejor y a otros los deja olvidados”

Así inicia la canción Bendito Diciembre de Beto y Arturo Fernando Molina, interpretada por la agrupación Colombiana de vallenato Los Betos, canción que suena en populares emisoras del país, desde el mes de octubre, anunciando con melancolía la llegada de la Navidad, para muchos, hablo desde mi generación, la mencionada canción nos recuerda que esta época se le pide el aguinaldo al niño dios, se escriben las cartas y  listas de deseo a Papá Noel.
 Pero como dice la canción, ese Papá Noel parece que se pierde en el camino a la periferia donde están los barrios y veredas olvidadas y las cartas al niño dios quizás aún están el buzón. Recuerdo que con mis hermanos cada año esperábamos ser anotados en las listas de  corporaciones o personas altruistas que llegaban a la vereda repartiendo juguetes para estas fechas de fin de año, los juguetes que tuve de niña no fueron mi elección, llegaban a mis manos por azar, sin embargo, ya venían etiquetados con el color rosa y con los roles que debían representar, cocina, maternidad, cuidados o con un estereotipo de belleza que para nada se parecía a mi imagen o la de mis amiguitas, es decir: juguetes de cocinera, muñecos con teteros o muñecas blancas(color “piel” como aún enseñan en algunas escuelas) esbeltas y extremadamente delgadas con ojos verdes o azules, así conocí a Barbie, esta fue la que más vi a lo largo de mi infancia, un juguete desechable, me imagino lo más barato del mercado para que alcanzara para más infantes en los otros barrios y veredas olvidadas.
Recuerdo a Barbie siempre con una sonrisa entre  dientes que no mostraba, igual Ken, aunque nunca tuve uno, no llego a mis manos, quizás el azar no me favoreció. Con estos referentes de una estética perfecta, inalcanzable para niñas como yo, con piel negra, cabello afro esponjoso y rasgos ordinarios ante aquel esterotipo de la delicadez, me permito realizar el siguiente análisis desde tres aspectos que encuentro problematizadores en las representaciones de los juguetes más vendidos en el mundo, Barbie y Ken. Primero, el discurso de violencia estética detrás de la imagen rosa y esbelta de Barbie, aun cuando se han intentado integrar Barbies negras estas siguen el mismo estereotipo estético. Segundo, los estereotipos de género y raza de ambos personajes, y tercero, la reivindicación que pretende hacer la película reciente sobre esta muñeca, en suma, es un análisis sobre las representaciones y referentes en el industria de la juguetería.
Parece banal dedicar horas de mi tiempo a este tipo de análisis, sin embargo, cuando vamos al detalle de cómo se reproduce la cultura, sus discursos y representaciones, este deja de ser banal y adquiere un carácter político y académico, más cuando lo señalado anteriormente pasa de la industria de la juguetería a la industria cinematográfica, e incluso, podríamos decir que pasa del juego y de la fantasía a la realidad, deja de ser un juego de niñez y pasa al ámbito de la adultez que se siente aun representada en la añoranza y la nostalgia de una época, pero también en la admiración sobre Barbie y su rosada vida.
Con el despertar de la conciencia política, antirracista y antipatriarcal suelo no pasar por alto algunos detalles de violencia que se camuflan en la cotidianidad, la falta de representación negra en la industria de la juguetería  y el sesgo de género en esta, es algo que me inquieta. Como etnoeducadora, entre  poderosos relatos y  referentes de la literatura colombiana me encontré con la maestra Mary Grueso, escritora y Poeta afrodescendiente. Mary, aparte de inspirarme como escritora y educadora, con su poema  Muñeca Negra, uno de sus poemas insignia, me llevo a profundizar en el dilema que aquí trato de exponer.

Muñeca Negra 
Le pedí a Dios una muñeca, pero no me la mandó;
se la pedí tanto, tanto, pero de mí no se acordó.
Se la pedí a mi mamá, y me dijo: “pedísela duro a Dios”,
y me jinqué de rodillas, pero a mí no me escuchó.
Se la pedía de mañanita, antes de rayar el sol
para que así tempranito me oyera primero a yo.
Quería una muñeca que fuera como yo:
con ojos de chocolate y la piel como un carbón.
Y cuando le dije a mi taita lo que estaba pidiendo yo
me dijo que muñeca negra del cielo no manda Dios;
“buscáte un pedazo’e trapo y hacé tu muñeca vo”.
Yo muy tristecita me fui a llorá a un rincón
porque quería una muñeca que fuera de mi color.
Mi mamá muy angustiada, de mí se apiadó
y me hizo una muñeca oscurita como yo.
Mary Grueso.

Tal parece que a ese dios no le interesaba mandar muñecas parecidas a nosotras, las niñas y  mujeres negras, pero también las indígenas, campesinas y las de distintas corporalidades,  hoy las muñecas de trapo son un símbolo de resistencia para Mary Grueso y para quienes entendemos que la lucha antirracista también incluye estos detalles que complementan el currículo implícito de la sociedad y la cultura que forja nuestra identidad, pero también refuerza el rechazo ante las distintas formas de existir desde la infancia, nadie nace siendo racista, sexista o clasista, esto se aprende, esto se enseña desde lo explícito y lo implícito. Por ello insisto en que los referentes en la industria de la juguetería son importantes, son un currículo, son un discurso y no solo un juego o un asunto de la inocencia infantil.
Ahora bien, después de ver la película de Barbie, concuerdo con los análisis que circulan redes sociales, los cuales valoran la calidad artística, el elenco y los detalles de forma, es una obra de arte perfecta para mercantilizar cualquier discurso, de fondo coincido en resaltar las líneas críticas sobre los estereotipos de género que se integran al guion. Sin embargo,  me confundo entre la parodia  y la caricaturización, no solo del discurso antipatriarcal, (como si desprogramar la conciencia fuera un acto de magia, cosa que nos ha tomado décadas, luchas y reflexiones) sino también, sobre asuntos sumamente profundos y complejos como la depresión y la ansiedad.  Por otro lado, difiero con quienes la catalogan como la película feminista del año, para llamarla feminista tendríamos que preguntarnos a que feminismo nos referimos ¿a un feminismo blanco? ¿a un feminismo neoliberal?  Si de estas corrientes se trata, entonces sí, pero sí de la lucha feminista de clase, la lucha feminista antirracista se trata, es mínima la representación que podríamos rescatar. Aunque tampoco es nuestra esperanza que la industria del espectáculo sea la que reivindique nuestras banderas de lucha, esas que llevamos décadas agitando en la movilización, en las universidades, en las calles, en el barrio y en las veredas, esa lucha que nos ha costado exilio, sangre, ojos y vidas, esa que seguimos organizando  y resistiendo desde las bases populares, periféricas, comunidades campesinas, afros y disidencias sexo-genéricas.
La película intenta de una manera muy creativa lavar el rostro de Barbie y su representación tradicional, situándola en este momento histórico, haciendo uso del actual debate sobre el género, y sí que lo logra, las vitrinas de las galerías comerciales, las salas de cine, espacios publicitarios, se han vestido de rosa, las redes sociales se han inundado de fotos, historias, tictok y muchísimos post sobre el tema en cuestión. Detractores, aliados, mujeres de carne y hueso aferradas al mantra de Barbie “puedes ser lo que quieras ser”, adultos, adultas y adolecentes están modo Barbie. Que se prepare el niño dios y Papá Noel, porque la muñeca blanca ha vuelto. Ahora podrás tener tu “Barbie feminista” pero ¿será que se puede ser lo que queramos ser? ¿todos, todas y todes tenemos la misma oportunidad de serlo? hay quienes nisiquiera alcanzan los derechos básicos.
Me alejo de caer en la seducción comercial y miro en retrospectiva mi niñez, pensando en aquellas infancias, adolescencias y mujeres de la periferia que ni siquiera (y afortunadamente)  verán la película y donde quizás tampoco llegue Papá Noel, olvidadas por ese discurso feminista light institucionalizado, onegeizado (la ingerencia de ONG en las organizaciones feministas) que despolitiza e instrumentaliza la lucha y se pone al servicio de las lógicas del sistema,  minimizando la lucha de clase y antirracista, como si el fin último fueran las reformas, las políticas públicas, el posicionamiento del debate en la  esfera pública o el falso “empoderamiento”. Estos no son más que pequeños avances, que a veces se tornan como dispositivos de distracción frente al objetivo y fin último de la lucha: desmontar el patriarcado y sus mandatos tradicionales en todas las esferas de la sociedad, cosa que no será posible mientras exista la opresión racial y de clase de la que se nutre el neoliberalismo y el neocolonialismo. 

No espero nada de la industria del cine, Hollywood, Disney y demás, como tampoco de la industria de la juguetería (Mattel, Fisher Price, Lego, Bandai Namco, Nerf, Funko Pop y Pepe Ganga, entre otros) vale la pena mencionar que este sector es fuertemente controlado por marcas estadounidenses, marcas que no se limitan a la venta de juguetes, sino que se extienden a los videojuegos, el cine y la televisión, su función dentro de la cadena de la industria es la de distraer, por ello lo miro bajo el ojo de la sospecha, comprendiendo que no es un asunto aislado del ámbito político y que  merece un análisis riguroso, es por esto que,  considero valiosas y necesarias las reflexiones que podamos realizar alrededor de estos temas. Cuestionar, debatir y filtrar lo que consumimos y promovemos a nuestras infancias, es una tarea y compromiso político, una cuestión que merece toda nuestra atención. 

Escribo para no morir atragantada y presa de esta ira.

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