YO IMPOSTORA

 

                                                              


Llega, se asoma de manera perturbadora, ahí se queda mirándome mientras dibujo, escribo o leo. Penetrante mirada, hurgando en lo que hago para luego cuestionarme con una voz que se parece a la mía.

Fastidiada por su presencia, me tomo un respiro, la miro y la invito a enrolar, prender y tomar un café.

Dialoguemos, tengo un par de preguntas que hacerte

¿A que debo tu visita? ¿Quieres que hablemos? Adelante, te escucho.

Le digo mientras la miro directo a los ojos.

Con el mismo tono, ahora un poco nerviosa, me dice que duda de mí,  de mi capacidad, me pregunta con voz inquisidora ¿en qué momento me creí tanto como para hablar en el tono en el que hablo y con voz propia? se suelta y va tomando confianza mientras me expresa las incertidumbres que le embargan.

 Bienvenida señora, luce usted un poco agitada, tranquila estamos en casa, siéntase cómoda, le digo.

Ahora la tengo en mi terreno, esta conversación se torna un poco parchada por el tono y el humo en el ambiente, pongo en el YouTube mis canciones de rap preferidas, a la Sofía Gabana, al nostálgico y revolucionario del Pablo Hasél, el último álbum del marihuanero del Cráneo, El tobogán, canciones que me han acompañado durante este tiempo y las inigualables letras de Kase O y  Nach.

 Así van pasando los días, un solo encuentro no es suficiente, porque la impostora últimamente se asoma por la ventana a vigilar mis asuntos sin ser invitada, o quizás solicitando ser invitada a parcharse conmigo, la entiendo, quien no querría parcharse conmigo, si soy un parchecito vacilao.

Ahí viene nuevamente, esta vez el encuentro se da entre bullarengue, gaitas  y un té de flor de Jamaica, porque a esta loca se le dio por llegar en la mañana, que visita fulera a las 8:00 am con sus preguntas existenciales y su saboteo a los sueños más maquias que tengo.

Relájate, apenas estoy despertando muchacha, si sigues con este viaje te voa sé un dibujo, te voa  voletear en un poema, cógela suave.

En estos encuentros no llegamos a ningún acuerdo, pero por lo menos nos escuchamos y eso nos permite seguir en nuestros asuntos, no quiero una relación toxica con mi yo impostora, porque no me voy a permitir que el utosabotaje me detenga, no le dedicare más tiempo que el que dura una canción de Hasél o Gabana, o lo que dura subir a una nube y bajar de ella, aquí no hay más tiempo para quedarnos en la duda y en la cuestión de si esto sirve para algo o no, cuando a mí misma me sirve para llenar de sentido la vida, para pilotear la nostalgia, la rabia y el amor. No hay tiempo para distraernos mirando el borde de nuestro propio abismo, cuando salir de este es lo que nos traza la ruta de las utopías propias y colectivas que nos inspiran a seguir apretando el paso.   

Suerte con usted, cuando quiera nos parchamos ¿Quién dijo miedo?


                                                                                                           P E T R I C O R

 

MI CAPUCHA

 

 


Me acusan de rabiosa y agresiva, me recomiendan que le baje a mi fuego, me acusan de generalizar cuando me refiero a temas de opresión, ya sea de clase, raza o género, ya me lo esperaba.

Pero ¿qué les incomoda, qué es lo que les molesta? 

El tono de mi voz o el significado de mis palabras, es decir; la sintaxis o la semántica de  este discurso.

Lo entiendo, es una costumbre, una muy mala y cobarde costumbre de la tradición patriarcal, esto de acusar a la mujeres de histéricas, locas, agresivas, putas, brujas y cuantas cosas se les ocurriera para deslegitimar su discurso, su postura y peor aún poner en duda su inteligencia, porque está les asusta.

Estúpidas, brujas o putas.

Lo entendí, por eso estoy aquí y no pienso bajarle a la contundencia de mis palabras porque les resulten violentas, violencia la que nos ha tocado soportar a lo largo de la historia, violencia la que nos acecha.

Un día alguien me dijo: quítate la capucha, no es para tanto. 

Y ahora estoy apretando más fuerte mi fusil-lápiz y usando la academia como un trampolín para portar la capucha de la lucha antirracista, antripatriarcal, anticolonial y antifascista


Mis nombres,  Kelly Patricia,  Ortega Herrera, mis apellidos. Nací en una montañita ubicada en el caribe colombiano, campesina por herencia y convicción política, negra y mujer, para decolonizar mi cuerpo, como defensa ante la racialización y la sexualización blanca y colonial.

Investigó desde la etnografía, la auto etnografía y la acción participativa, como etnoeducadora, educadora popular y lideresa política.  Investigo analizando realidades, problemáticas comunitarias y escolares,  estructurando colectivamente proyectos pedagógicos y sociales para la comprensión, atención y gestión de estos. Investigo sistematizando, dinamizando y archivando el seguimiento y resultado de estos procesos, como ganancia para la memoria, pero también como producción de saberes propios, válidos y no ajenos al testeo del método científico tradicional, sin limitarse a él.

La lucha colectiva mi bandera, la palabra mi guía, el fuego y la digna rabia mi mantra para seguir las rutas de la utopía.  Petricor me nombro en la escritura y la creación que intento,
para  no perder la ilusión y la ternura, portando con rebeldía la capucha de la desobediencia frente a las lógicas de la enajenación y la opresión,  incluso en la academia.

Como maestra promuevo una pedagogía feminista y antirracista, asumiendo una postura pedagógica que descolonice y despatriarcalice los saberes, las aulas y sus dinámicas, por ello, viaje kilómetros de distancia a realizar  la maestría en Estudios de Género y Cultura en la Universidad de Chile, buscando afinar las estrategias investigativas y académicas, para seguir abordonando  y develando las cuestiones relacionadas e  interseccionadas entre la educación, el género y la raza, y seguir trazando el camino para que otras mujeres y niñas transiten hacia la liberación.  

                                                                                                                      P E T R I C O R

Escribo para no morir atragantada y presa de esta ira.

NO SOY VÍCTIMA, SOY MILITANTE

  NO SOY VÍCTIMA, SOY MILITANTE Esta frase me hace eco desde que la escuche de un hombre que fue parte activa de la resistencia frente a l...