¿CULOMBIANA? CONCHA E´ TUS HUEVAS!

 

¿CULOMBIANA?
CONCHA E´ TUS HUEVAS!

 

Mis cálculos fallaron,
obvie algunos detalles a la hora de seleccionar.
Dicen que no es pertinente tomar decisiones
en momentos de emociones fuertes.

 

 

Sola una persona que me tenía la mala me advirtió que este país estaba en un momento complejo para la migración; que el racismo y la xenofobia afloraban en las calles. En ese momento pensé que me lo decía porque yo no le agradaba, cuestión que manifestaba abiertamente por nuestras radicales diferencias políticas.

Sin embargo, hoy con tristeza, tengo que darle la razón. Son varias las experiencias que necesito relatar, no solo para compartirlas con mis lectorxs sino, sacarlas para que no sigan sumando peso en mi mochila. Pero lo más importante, para hacer archivo a esta memoria abierta: CULOMBIANA es el primer relato de varios que tengo atragantados. 

La sexualización de nuestros cuerpos, el de las mujeres en general y la hipersexualización de el cuerpo de las mujeres negras en específico, es una cuestión normalizada  en “chistes”, la música, el cine, y programas de televisión, entre otras dinámicas culturales.

CULOMBIANA es una expresión que usan algunos hombres chilenos para referirse a las mujeres Colombianas. Su origen se remonta, según mis indagaciones poco rigurosas; a la televisión, las telenovelas y como se ha vendido la imagen de las mujeres Colombianas en el exterior. Pensarán, que a todo le encuentro el pero. PERO, CULOMBIANA es una expresión que me hace recordar la consigna: “no quiero tu piropo, exijo tu respeto”, consigna que durante años me ha acompañado en esta pedagogía feminista transversalizada en mis clases de filosofía, C.política, ética y religión, sí, religiones y ateísmo. Escenarios en los que intento develar y desnaturalizar la violencia sexual manifestada en  acoso, esa misma que se disfraza de halago en los llamados piropos y se justifica porque según algunos, “a las mujeres nos gusta que nos hablen así”, o apelan a los vicios culturales diciendo que: “así es nuestra cultura y tradición”, como si estás ultimas no debieran ser objeto de cuestionamientos, críticas y transformaciones.

“NO QUIERO TU PIROPO EXIJO TU RESPETO”, la usamos para defendernos de expresiones como culombianas, las cuales van cargadas de acoso, sexualización e hipersexualización de nuestros cuerpos. Pero la principal razón que me llevo a la problematización de tal asunto, fue cuando me enteré que: aquí a los hombres  Colombianos se les mira como delincuentes y a las mujeres Colombianas como prostitutas y quizás esto tenga sus matices, porque entre Colombianxs y Venezolanxs, no sé a quién rechazan más, ya que la xenofobia varía gradualmente de acuerdo a la nacionalidad (cosa que merece todo un análisis geopolítico).

¿Prostitutas? ¡Vaya estereotipo! Ahora no solo me miran como migrante, mujer negra, sino también como puta.  Cuando detectan mi acento que por costeño lo confunden con el Venezolano o Cubano, pero después de escuchar con atención logran saber que soy Colombiana, Varias veces me han dicho el “culombiana” y he escuchado de otras compatriotas; académicas y trabajadoras de otros sectores productivos a las que también han rotulado. Al asociar esto con la imagen de prostituta, la expresión se carga más de sentido. En tanto se supone nuestro cuerpo en venta, de acceso fácil e incluso violable: “¿qué más da?, «es una puta»”.

La nacionalidad Colombiana alrededor del mundo le ha tocado cargar con varios estereotipos; que las series de televisión refuerzan: putas, corruptxs, uribistas, paramilitares, narcos y guerrillerxs; por lo menos este último nos reivindica la dignidad ante los otros. De estos estereotipos que escuchamos en las noticias casi a diario, leemos en la prensa o en redes sociales; solo sabemos el costo que tienen cuando somos migrantes en otros países.

CULOMBIANA fue la razón por la que escribí la primera publicación de este blog: Objeto de deseo y no de amor, muy deseable y poco amada. Y no porque me interesara entablar una relación sexual o afectiva con alguien aquí (pues tengo clara la prioridad de mi estadía en este lugar) sino, porque me sentí sobrerotulada: MUJER NEGRA, MIGRANTE, CULOMBIANA= PROSTITUTA. Pero además, analizar tal asunto, me hacía comprender de manera más profunda la intersección entre todas esas rotulaciones que en mi cuerpo negro golpeaban con más fuerza que en cualquier otro.

Cada una de esas rotulaciones con una carga, tanto política, como discriminatoria, con las que nos toca lidiar y luchar, en mi caso no para demostrar que no soy ninguna de ellas, sino, porque esa es la periferia corpórea e ideológica desde la que resisto. Sí, lo que ves en mi reflejo es eso, eso soy, todas en una, aquí estamos. 

Las putas, las brujas, las negras, las indígenas, las campesinas, las lesbianas, las trans, las deseadas y no amadas, aquí estamos, habitando el espacio público, el metro, los bancos, los ministerios, las universidades, la academia y la calle , aquí estamos.

SOY COLOMBIANA, CONCHA E´ TUS HUEVAS!

No porque represente una bandera o una nación, sino porque represento la lucha de un pueblo, sus mujeres y niñas, las campesinas y negras de mi pueblo a quienes  las oportunidades fueron  negadas, pero aquí estamos, resistimos y nos quedamos, aunque nuestra presencia resulte corrosiva para las lógicas androcéntricas instauradas, aquí estamos armando la manada para desmontarlas.

 

                                                                                                                  P E T R I C O R

 

 

 

 

APOLOGÍA AL “NO QUIERO SER MADRE”

 


Mucho se habla de la maternidad y su romantización. Se dice que es la mejor experiencia que puedes vivir, que es el amor más grande que se puede experimentar, y expresiones más fundamentalistas, desde la región hasta la biologización del rol de las mujeres, que apuntan a sustentar la maternidad como el fin último de los seres humanos que nacemos con matriz y ovarios.

En algún momento de nuestras vidas llegan las preguntas: ¿y tú no piensas tener hijos? ¿Para cuándo los hijos?. Otras expresiones dicen: “pilas con el reloj biológico”, “entre más vieja, más riesgoso el embarazo”, entonces cuando tu respuesta ante tales comentarios es NO QUIERO TENER HIJOS, el asombro y los intentos por convencerte o la petición para que sustentes tu decisión no se hacen esperar.

“¿Quién te va a cuidar cuando estés vieja?”, una pregunta retórica que resulta un intento para convencer, haciendo un llamado a la  imaginación de la decadencia humana en la vejez. De inmediato pienso en lo triste que es hacer responsable con la carga del cuidado a otro ser humano que ni siquiera pidió nacer. Por lo general esta carga es atribuida a las mujeres por ser mujeres, ya que tradicionalmente se nos ha encargado las tareas del cuidado de la niñez y la tercera edad, cuando esta debería ser asumida de manera colectiva y el estado garantizar las condiciones para una vejez digna. Además tener hijos no garantiza que se cumpla el ciclo de tal manera. Por otro lado, esta no debería ser la razón por la que alguien decida traer hijos al mundo.

También debo mencionar, que la mayor preocupación de los proyectos de educación sexual en la escuela, sigue siendo los embarazos en adolescentes y el control de la natalidad. Recuerdo que las clases de educación sexual que recibí en la escuela; desde la cátedra de ciencias naturales y por campañas interinstitucionales con promotores de salud; eran charlas meramente preventivas, tanto de embarazos como de ITS, recuerdo que enseñaban el uso de métodos anticonceptivos, por ejemplo: usando un pepino para enseñarle a los niños a  usar el condón, luego repartían pocos de esos condones que mis compañeros usaban como globos para jugar durante el recreo o pasearse por los pasillos del colegio.

Si bien, es perceptible que la educación sexual ha venido evolucionando a pasos muy lentos, ampliando un poco el espectro e integrando un enfoque de derechos, con los derechos sexuales y reproductivos. Pero, la preocupación central sigue siendo la misma: ITS y EMBARAZOS EN ADOLECENTES, tal parece que las estrategias pedagógicas implementadas hasta ahora no han dado resultados, porque la taza de embarazo en adolescentes no disminuye, sino que aumenta.

Con escasa información logre entender lo básico pero no lo suficiente para llevar una vida sexual de manera responsable y satisfactoria. Sin embargo, mi relación con el tema de la maternidad siempre estuvo medida por el deseo de estudiar, viajar y dedicarme a la vida política, ya que a temprana edad estuve cerca de procesos organizativos y de liderazgo. Paso el tiempo y mi relación con tal tema se iba palideciendo, hasta que hice conciencia de que no me veo siendo madre, ya no. Y son varias las razones que me llevan a esquivar el rol de la maternidad, algunas muy íntimas emocionales y otras muy políticas, aunque en suma todas políticas, porque “lo personal es político”.

Comprendo la maternidad como un acto de valentía y altruismo, al estar dispuesta a darlo todo por el bienestar de otro ser, fuertes las mujeres que lo asumen, tampoco porque me considero débil, pero quizás si un poco egoísta. Puesto que, a veces la existencia me pesa. Imagino entonces como sería tener que cuidar y proteger a otro ser humano y me resulta abrumador. Así mismo me asumo responsable y sé que al asumir la maternidad abandonaría pequeñas cosas propiamente mías para que otro ser humano sea feliz.

De lo anterior se desprenden las razones más políticas: al liberarme del rol de la maternidad, me libero en parte del rol del cuidado y sumo tiempo para los asuntos políticos y de participación en la esfera pública que tanto me interesan, como dedicarme a la reflexión, la educación y la política del joder, para incomodar y desestabilizar lo establecido.

Tampoco me gustaría tener que delegar a otras mujeres la carga del cuidado, mientras yo avanzo, ya sea a nivel académico o laboral.

Romantizar la maternidad con los argumentos anteriormente expuestos es una trampa patriarcal, que conduce a ser madres o padres para responder a los mandatos de la heterónoma.

Esto puede entenderse como una apología o un llamado insubordinarse ante el rol de la maternidad y efectivamente lo es, en especial un llamado a las adolescentes, a apropiarse de sus derechos sexuales y reproductivos y a reflexionar la decisión sobre la maternidad, esta no debería entenderse como una bendición o una fortuna, cuando no se tienen garantizadas las condiciones básicas para la vida digna. Pero tampoco, cuando aún no se han explorado en lo más mínimo, los derechos y las libertades individuales, que tanto nos ha costado a las mujeres alcanzar.

La sexualidad en su totalidad y el placer sexual en particular, no se deben restringir a la genitalidad y la procreación, la educación sexual debe apuntar más allá de la mera prevención, quizás en los otros aspectos no abordados está la clave para romper el cerco.

 P E T R I C O R

YO IMPOSTORA

 

                                                              


Llega, se asoma de manera perturbadora, ahí se queda mirándome mientras dibujo, escribo o leo. Penetrante mirada, hurgando en lo que hago para luego cuestionarme con una voz que se parece a la mía.

Fastidiada por su presencia, me tomo un respiro, la miro y la invito a enrolar, prender y tomar un café.

Dialoguemos, tengo un par de preguntas que hacerte

¿A que debo tu visita? ¿Quieres que hablemos? Adelante, te escucho.

Le digo mientras la miro directo a los ojos.

Con el mismo tono, ahora un poco nerviosa, me dice que duda de mí,  de mi capacidad, me pregunta con voz inquisidora ¿en qué momento me creí tanto como para hablar en el tono en el que hablo y con voz propia? se suelta y va tomando confianza mientras me expresa las incertidumbres que le embargan.

 Bienvenida señora, luce usted un poco agitada, tranquila estamos en casa, siéntase cómoda, le digo.

Ahora la tengo en mi terreno, esta conversación se torna un poco parchada por el tono y el humo en el ambiente, pongo en el YouTube mis canciones de rap preferidas, a la Sofía Gabana, al nostálgico y revolucionario del Pablo Hasél, el último álbum del marihuanero del Cráneo, El tobogán, canciones que me han acompañado durante este tiempo y las inigualables letras de Kase O y  Nach.

 Así van pasando los días, un solo encuentro no es suficiente, porque la impostora últimamente se asoma por la ventana a vigilar mis asuntos sin ser invitada, o quizás solicitando ser invitada a parcharse conmigo, la entiendo, quien no querría parcharse conmigo, si soy un parchecito vacilao.

Ahí viene nuevamente, esta vez el encuentro se da entre bullarengue, gaitas  y un té de flor de Jamaica, porque a esta loca se le dio por llegar en la mañana, que visita fulera a las 8:00 am con sus preguntas existenciales y su saboteo a los sueños más maquias que tengo.

Relájate, apenas estoy despertando muchacha, si sigues con este viaje te voa sé un dibujo, te voa  voletear en un poema, cógela suave.

En estos encuentros no llegamos a ningún acuerdo, pero por lo menos nos escuchamos y eso nos permite seguir en nuestros asuntos, no quiero una relación toxica con mi yo impostora, porque no me voy a permitir que el utosabotaje me detenga, no le dedicare más tiempo que el que dura una canción de Hasél o Gabana, o lo que dura subir a una nube y bajar de ella, aquí no hay más tiempo para quedarnos en la duda y en la cuestión de si esto sirve para algo o no, cuando a mí misma me sirve para llenar de sentido la vida, para pilotear la nostalgia, la rabia y el amor. No hay tiempo para distraernos mirando el borde de nuestro propio abismo, cuando salir de este es lo que nos traza la ruta de las utopías propias y colectivas que nos inspiran a seguir apretando el paso.   

Suerte con usted, cuando quiera nos parchamos ¿Quién dijo miedo?


                                                                                                           P E T R I C O R

 

MI CAPUCHA

 

 


Me acusan de rabiosa y agresiva, me recomiendan que le baje a mi fuego, me acusan de generalizar cuando me refiero a temas de opresión, ya sea de clase, raza o género, ya me lo esperaba.

Pero ¿qué les incomoda, qué es lo que les molesta? 

El tono de mi voz o el significado de mis palabras, es decir; la sintaxis o la semántica de  este discurso.

Lo entiendo, es una costumbre, una muy mala y cobarde costumbre de la tradición patriarcal, esto de acusar a la mujeres de histéricas, locas, agresivas, putas, brujas y cuantas cosas se les ocurriera para deslegitimar su discurso, su postura y peor aún poner en duda su inteligencia, porque está les asusta.

Estúpidas, brujas o putas.

Lo entendí, por eso estoy aquí y no pienso bajarle a la contundencia de mis palabras porque les resulten violentas, violencia la que nos ha tocado soportar a lo largo de la historia, violencia la que nos acecha.

Un día alguien me dijo: quítate la capucha, no es para tanto. 

Y ahora estoy apretando más fuerte mi fusil-lápiz y usando la academia como un trampolín para portar la capucha de la lucha antirracista, antripatriarcal, anticolonial y antifascista


Mis nombres,  Kelly Patricia,  Ortega Herrera, mis apellidos. Nací en una montañita ubicada en el caribe colombiano, campesina por herencia y convicción política, negra y mujer, para decolonizar mi cuerpo, como defensa ante la racialización y la sexualización blanca y colonial.

Investigó desde la etnografía, la auto etnografía y la acción participativa, como etnoeducadora, educadora popular y lideresa política.  Investigo analizando realidades, problemáticas comunitarias y escolares,  estructurando colectivamente proyectos pedagógicos y sociales para la comprensión, atención y gestión de estos. Investigo sistematizando, dinamizando y archivando el seguimiento y resultado de estos procesos, como ganancia para la memoria, pero también como producción de saberes propios, válidos y no ajenos al testeo del método científico tradicional, sin limitarse a él.

La lucha colectiva mi bandera, la palabra mi guía, el fuego y la digna rabia mi mantra para seguir las rutas de la utopía.  Petricor me nombro en la escritura y la creación que intento,
para  no perder la ilusión y la ternura, portando con rebeldía la capucha de la desobediencia frente a las lógicas de la enajenación y la opresión,  incluso en la academia.

Como maestra promuevo una pedagogía feminista y antirracista, asumiendo una postura pedagógica que descolonice y despatriarcalice los saberes, las aulas y sus dinámicas, por ello, viaje kilómetros de distancia a realizar  la maestría en Estudios de Género y Cultura en la Universidad de Chile, buscando afinar las estrategias investigativas y académicas, para seguir abordonando  y develando las cuestiones relacionadas e  interseccionadas entre la educación, el género y la raza, y seguir trazando el camino para que otras mujeres y niñas transiten hacia la liberación.  

                                                                                                                      P E T R I C O R

ARCHIVO 1 ALINA

 

Santiago de Chile

23/08/2023

 

 

Querida amiga

Mientras camino del gym a casa o viceversa, son muchas las cosas en las que pienso. Pero, particularmente hoy me cruzó por la mente lo que te voy a contar.

Quiero que conozcas mi ruta al gimnasio, el horario en el que voy y donde está ubicado. Porque esta es una rutina y en ella hay peligro. Cuando hacemos de una actividad una rutina, estamos dando información; una especie de archivo de nuestro itinerario, de nuestras acciones diarias, a través de ello, sería fácil rastrearnos, seguirnos. Lo que nos hace vulnerables ante cualquier ataque que atente contra nuestra seguridad.

Esto puede sonar paranoico, también lo pienso. Pensarlo me da rabia y miedo, porque estas no deberían ser ideas que me persigan cuando voy por ahí, en la calle, al gym o a la universidad. No debería pensar que la violencia esta tan cerca de mí que me puede alcanzar, que ese día o esa noche puedo no volver a casa, no volver a escribirte un mensaje, o que puedo pasar a ser parte de un número más que engruese la lista de feminicidios.

Amiga, no deberíamos ir por ahí pensando en esto, lo sé. Es lo que más deseo, que nadie sienta esto al andar. Que nadie sienta miedo por su color de piel, su género o su nacionalidad. Que nadie camine mirando cada tantos minutos hacia atrás porque siente que alguien le persigue. Que la sensación de desolación y angustia no nos invada al sentirnos vulnerables en la distancia de nuestra red de apoyo o en nuestras propias ciudades. A donde quiera que vayamos deberíamos sentirnos seguras, partes de una comunidad sin estas barreras o fronteras “invisibles” en las que se diluye el racismo, la misoginia, la homofobia, la xenofobia y la aporofobia.

Me gustaría gastarme estos pensamientos imaginando historias y poemas, dibujando discursos en mi mente, mientras disfruto caminar. Pero tú y yo, nosotras, sabemos que la violencia está en la calle y en la casa, en todos lados, nos persigue, nos acosa, podemos verla, escucharla, mirarla y sentirla. Cada día se reportan nombres y rostros de mujeres y niñas desaparecidas en cifras alarmantes, feminicidios, ataques racistas y violencia policial están a la orden del día.

Te escribo esta carta como archivo de esta reflexión, pero también como evidencia, por si un día no vuelvo, por si no te vuelvo a escribir saludándote, reportando mi existencia y pidiendo reporte de la tuya.

Si eso llegara a pasar, quémalo todo, grita hasta que venga mi madre en mi búsqueda, encuéntrame, repatria mi cuerpo para que Los Laureles me vuelvan a ver, haz que suene un Bullerengue y una Gaita a mi regreso. Viva o muerta, encuéntrame. Sabrás  que, como deseo póstumo más profundo, aparte de  justicia para el pueblo, anhelo la expansión de mi obra, toma mis archivos y lánzalos tan duro que lleguen lejos, que recorran Latinoamérica, que retornen al Caribe Colombiano y se siembren debajo un palo e’ mango en Los Laureles.

 

No te asustes al leer esta carta, solo es eso, una carta.

Te amo amiga.

 PETRICOR


LA INDUSTRIA DE LA JUGUETERÍA Y SUS REPRESENTACIONES

 


A propósito de Barbie

 

                                                                                                              Kelly Patricia Ortega Herrera -kelly.ortega@uchile.cl                                                                                                                                     Magíster en Estudios de Género y cultura                                                                                                                                   Universidad de Chile 2 de Agosto 2023
                                                                                                                                                                  

“Bendito diciembre, lleno de guayabos, lleno de recuerdos, cuántas caras tienes, si eres solidario con cada momento,  manda un Papá Noel conocedor que les reparta mejor, a los niños su aguinaldo. Este que hay aquí es adulador, siempre va al barrio mejor y a otros los deja olvidados”

Así inicia la canción Bendito Diciembre de Beto y Arturo Fernando Molina, interpretada por la agrupación Colombiana de vallenato Los Betos, canción que suena en populares emisoras del país, desde el mes de octubre, anunciando con melancolía la llegada de la Navidad, para muchos, hablo desde mi generación, la mencionada canción nos recuerda que esta época se le pide el aguinaldo al niño dios, se escriben las cartas y  listas de deseo a Papá Noel.
 Pero como dice la canción, ese Papá Noel parece que se pierde en el camino a la periferia donde están los barrios y veredas olvidadas y las cartas al niño dios quizás aún están el buzón. Recuerdo que con mis hermanos cada año esperábamos ser anotados en las listas de  corporaciones o personas altruistas que llegaban a la vereda repartiendo juguetes para estas fechas de fin de año, los juguetes que tuve de niña no fueron mi elección, llegaban a mis manos por azar, sin embargo, ya venían etiquetados con el color rosa y con los roles que debían representar, cocina, maternidad, cuidados o con un estereotipo de belleza que para nada se parecía a mi imagen o la de mis amiguitas, es decir: juguetes de cocinera, muñecos con teteros o muñecas blancas(color “piel” como aún enseñan en algunas escuelas) esbeltas y extremadamente delgadas con ojos verdes o azules, así conocí a Barbie, esta fue la que más vi a lo largo de mi infancia, un juguete desechable, me imagino lo más barato del mercado para que alcanzara para más infantes en los otros barrios y veredas olvidadas.
Recuerdo a Barbie siempre con una sonrisa entre  dientes que no mostraba, igual Ken, aunque nunca tuve uno, no llego a mis manos, quizás el azar no me favoreció. Con estos referentes de una estética perfecta, inalcanzable para niñas como yo, con piel negra, cabello afro esponjoso y rasgos ordinarios ante aquel esterotipo de la delicadez, me permito realizar el siguiente análisis desde tres aspectos que encuentro problematizadores en las representaciones de los juguetes más vendidos en el mundo, Barbie y Ken. Primero, el discurso de violencia estética detrás de la imagen rosa y esbelta de Barbie, aun cuando se han intentado integrar Barbies negras estas siguen el mismo estereotipo estético. Segundo, los estereotipos de género y raza de ambos personajes, y tercero, la reivindicación que pretende hacer la película reciente sobre esta muñeca, en suma, es un análisis sobre las representaciones y referentes en el industria de la juguetería.
Parece banal dedicar horas de mi tiempo a este tipo de análisis, sin embargo, cuando vamos al detalle de cómo se reproduce la cultura, sus discursos y representaciones, este deja de ser banal y adquiere un carácter político y académico, más cuando lo señalado anteriormente pasa de la industria de la juguetería a la industria cinematográfica, e incluso, podríamos decir que pasa del juego y de la fantasía a la realidad, deja de ser un juego de niñez y pasa al ámbito de la adultez que se siente aun representada en la añoranza y la nostalgia de una época, pero también en la admiración sobre Barbie y su rosada vida.
Con el despertar de la conciencia política, antirracista y antipatriarcal suelo no pasar por alto algunos detalles de violencia que se camuflan en la cotidianidad, la falta de representación negra en la industria de la juguetería  y el sesgo de género en esta, es algo que me inquieta. Como etnoeducadora, entre  poderosos relatos y  referentes de la literatura colombiana me encontré con la maestra Mary Grueso, escritora y Poeta afrodescendiente. Mary, aparte de inspirarme como escritora y educadora, con su poema  Muñeca Negra, uno de sus poemas insignia, me llevo a profundizar en el dilema que aquí trato de exponer.

Muñeca Negra 
Le pedí a Dios una muñeca, pero no me la mandó;
se la pedí tanto, tanto, pero de mí no se acordó.
Se la pedí a mi mamá, y me dijo: “pedísela duro a Dios”,
y me jinqué de rodillas, pero a mí no me escuchó.
Se la pedía de mañanita, antes de rayar el sol
para que así tempranito me oyera primero a yo.
Quería una muñeca que fuera como yo:
con ojos de chocolate y la piel como un carbón.
Y cuando le dije a mi taita lo que estaba pidiendo yo
me dijo que muñeca negra del cielo no manda Dios;
“buscáte un pedazo’e trapo y hacé tu muñeca vo”.
Yo muy tristecita me fui a llorá a un rincón
porque quería una muñeca que fuera de mi color.
Mi mamá muy angustiada, de mí se apiadó
y me hizo una muñeca oscurita como yo.
Mary Grueso.

Tal parece que a ese dios no le interesaba mandar muñecas parecidas a nosotras, las niñas y  mujeres negras, pero también las indígenas, campesinas y las de distintas corporalidades,  hoy las muñecas de trapo son un símbolo de resistencia para Mary Grueso y para quienes entendemos que la lucha antirracista también incluye estos detalles que complementan el currículo implícito de la sociedad y la cultura que forja nuestra identidad, pero también refuerza el rechazo ante las distintas formas de existir desde la infancia, nadie nace siendo racista, sexista o clasista, esto se aprende, esto se enseña desde lo explícito y lo implícito. Por ello insisto en que los referentes en la industria de la juguetería son importantes, son un currículo, son un discurso y no solo un juego o un asunto de la inocencia infantil.
Ahora bien, después de ver la película de Barbie, concuerdo con los análisis que circulan redes sociales, los cuales valoran la calidad artística, el elenco y los detalles de forma, es una obra de arte perfecta para mercantilizar cualquier discurso, de fondo coincido en resaltar las líneas críticas sobre los estereotipos de género que se integran al guion. Sin embargo,  me confundo entre la parodia  y la caricaturización, no solo del discurso antipatriarcal, (como si desprogramar la conciencia fuera un acto de magia, cosa que nos ha tomado décadas, luchas y reflexiones) sino también, sobre asuntos sumamente profundos y complejos como la depresión y la ansiedad.  Por otro lado, difiero con quienes la catalogan como la película feminista del año, para llamarla feminista tendríamos que preguntarnos a que feminismo nos referimos ¿a un feminismo blanco? ¿a un feminismo neoliberal?  Si de estas corrientes se trata, entonces sí, pero sí de la lucha feminista de clase, la lucha feminista antirracista se trata, es mínima la representación que podríamos rescatar. Aunque tampoco es nuestra esperanza que la industria del espectáculo sea la que reivindique nuestras banderas de lucha, esas que llevamos décadas agitando en la movilización, en las universidades, en las calles, en el barrio y en las veredas, esa lucha que nos ha costado exilio, sangre, ojos y vidas, esa que seguimos organizando  y resistiendo desde las bases populares, periféricas, comunidades campesinas, afros y disidencias sexo-genéricas.
La película intenta de una manera muy creativa lavar el rostro de Barbie y su representación tradicional, situándola en este momento histórico, haciendo uso del actual debate sobre el género, y sí que lo logra, las vitrinas de las galerías comerciales, las salas de cine, espacios publicitarios, se han vestido de rosa, las redes sociales se han inundado de fotos, historias, tictok y muchísimos post sobre el tema en cuestión. Detractores, aliados, mujeres de carne y hueso aferradas al mantra de Barbie “puedes ser lo que quieras ser”, adultos, adultas y adolecentes están modo Barbie. Que se prepare el niño dios y Papá Noel, porque la muñeca blanca ha vuelto. Ahora podrás tener tu “Barbie feminista” pero ¿será que se puede ser lo que queramos ser? ¿todos, todas y todes tenemos la misma oportunidad de serlo? hay quienes nisiquiera alcanzan los derechos básicos.
Me alejo de caer en la seducción comercial y miro en retrospectiva mi niñez, pensando en aquellas infancias, adolescencias y mujeres de la periferia que ni siquiera (y afortunadamente)  verán la película y donde quizás tampoco llegue Papá Noel, olvidadas por ese discurso feminista light institucionalizado, onegeizado (la ingerencia de ONG en las organizaciones feministas) que despolitiza e instrumentaliza la lucha y se pone al servicio de las lógicas del sistema,  minimizando la lucha de clase y antirracista, como si el fin último fueran las reformas, las políticas públicas, el posicionamiento del debate en la  esfera pública o el falso “empoderamiento”. Estos no son más que pequeños avances, que a veces se tornan como dispositivos de distracción frente al objetivo y fin último de la lucha: desmontar el patriarcado y sus mandatos tradicionales en todas las esferas de la sociedad, cosa que no será posible mientras exista la opresión racial y de clase de la que se nutre el neoliberalismo y el neocolonialismo. 

No espero nada de la industria del cine, Hollywood, Disney y demás, como tampoco de la industria de la juguetería (Mattel, Fisher Price, Lego, Bandai Namco, Nerf, Funko Pop y Pepe Ganga, entre otros) vale la pena mencionar que este sector es fuertemente controlado por marcas estadounidenses, marcas que no se limitan a la venta de juguetes, sino que se extienden a los videojuegos, el cine y la televisión, su función dentro de la cadena de la industria es la de distraer, por ello lo miro bajo el ojo de la sospecha, comprendiendo que no es un asunto aislado del ámbito político y que  merece un análisis riguroso, es por esto que,  considero valiosas y necesarias las reflexiones que podamos realizar alrededor de estos temas. Cuestionar, debatir y filtrar lo que consumimos y promovemos a nuestras infancias, es una tarea y compromiso político, una cuestión que merece toda nuestra atención. 

AQUÍ ESTAMOS LAS HIJAS DE LAS BRUJAS QUE NO PUDIERON QUEMAR

Ella era la bruja de la vereda, por mujer y por negra.  Muchas veces escuché el rumor de que mi madre era bruja, porque a fulanita le leyeron la taza del café o la totuma y en ella se reflejaba el rostro de mi madre, ella una mujer campesina, que escasamente sabe escribir su nombre y hacer operaciones matemáticas en su mente, que aprendió cuando la obligaron a salir de la escuela para ir a vender bollos en la calle.

Era la bruja que acechaba a otras mujeres para hacerles hechicerías no sé con qué intención, vayan a saber ellas...

Yo recuerdo a una mujer que dejaba su ser entre el trabajo productivo de labrar la tierra y el trabajo reproductivo de cuidar a sus 4 hijos y a mí, su hija, que al parecer requería más cuidados por ser la única niña en la casa.

Ahora lo entiendo, era necesario encontrar una culpable del mal, de la desgracia ajena y quién mejor que la mujer negra, empobrecida entre las y los empobrecidos, explotada entre los explotados y que además carga aun con la escoba, porque las negras de Marialabaja son brujas, porque las negras de nuestras comunidades son brujas.

Hoy recojo ese legado ancestral místico de mi negritud y lo transformó en este fuego que me  mantiene y me ha traído hasta aquí.

Escribo para no morir atragantada y presa de esta ira.

NO SOY VÍCTIMA, SOY MILITANTE

  NO SOY VÍCTIMA, SOY MILITANTE Esta frase me hace eco desde que la escuche de un hombre que fue parte activa de la resistencia frente a l...